Luciano Valera, un vendedor ambulante de frío frío con 46 años de trayectoria frente a un hospital, vivió un giro inesperado cuando relató entre lágrimas la pérdida de su carrito de trabajo tras una intervención de la Policía Municipal.
El hecho ha generado múltiples reacciones por el impacto humano detrás de su historia. El comerciante explicó durante una conversación grabada en el lugar que el equipo con el que vendía frío frío fue retirado directamente por las autoridades municipales.
En el momento no se había mediado una explicación clara sobre la medida adoptada ni sobre el procedimiento que se siguió en el momento de la intervención.
Según su testimonio, la situación lo dejó sin su principal herramienta de trabajo, aquella con la que ha generado ingresos diarios durante décadas vendiendo frío frío, actividad que describe como el único sustento que le ha permitido cubrir las necesidades básicas de su hogar a lo largo del tiempo.
El hombre también señaló que su esposa enfrenta problemas de salud y que los recursos obtenidos a través de la venta de frío frío eran destinados principalmente a su cuidado, lo que añade un componente aún más sensible a la pérdida del carrito que utilizaba diariamente en su jornada laboral.
Durante el intercambio con el entrevistador, afirmó que cada mañana acudía al mismo punto de trabajo para vender frío frío, insistiendo en que nunca dejaba el carrito abandonado en la vía pública, ya que dependía completamente de esa actividad para mantenerse activo económicamente.
Además, relató que en algunas ocasiones complementaba sus ventas de frío frío con naranjas, aunque explicó que este producto se había vuelto cada vez más costoso y difícil de conseguir, lo que reducía sus posibilidades de diversificar sus ingresos diarios en la calle.
Las preguntas durante la entrevista evidenciaron el impacto emocional que generó la situación, ya que el vendedor reiteró que lleva más de cuatro décadas dedicado a la venta de frío frío y que no cuenta con otra fuente de ingresos que le permita sostener su vida cotidiana ni la de su familia.
“Porque me quitaron el carrito”, respondió en varias ocasiones al ser consultado sobre su llanto, dejando claro que la pérdida de su equipo de trabajo en la venta de frío frío representa mucho más que un objeto, sino el medio fundamental con el que ha construido su sustento durante casi medio siglo, mientras también expresó su deseo de recuperarlo para poder continuar trabajando con normalidad.
