Esperanza y tensión en Jarabacoa por niño desaparecido

Jarabacoa, La Vega — Una comunidad aferrada a la esperanza y un operativo que no descansa definen la intensa búsqueda de Roldany Calderón, el niño de tres años cuya desaparición mantiene en vilo a Manabao desde el pasado 30 de marzo.

Las montañas de Jarabacoa han sido testigo del esfuerzo ininterrumpido de brigadas de rescate, fiscales, agentes del orden y perros entrenados, que se internan a diario entre laderas y matorrales en una carrera contra el tiempo. Cinco fiscales, unidades del 911, expertos caninos y los cazadores del Ejército de Constanza integran el operativo, liderado por la Defensa Civil, que ha tomado el terreno con un despliegue sin precedentes.

La zona donde fue visto por última vez el niño ha sido dividida en cuadrantes, y cada rincón es inspeccionado con precisión técnica. Especialistas en planimetría de la Policía Nacional están levantando mapas detallados del terreno, cruzando vegetación, caminos y señales geográficas con el objetivo de no dejar una sola posibilidad al azar.

En medio de este drama humano, una voz encendió la tensión. Durante una entrevista del comunicador conocido como Wiu Wiu, un joven, hijo de la dueña de la vivienda donde Roldany fue visto por última vez, lanzó declaraciones que han encendido nuevas interrogantes.

Según sus palabras, “el papá y la mamá son los que saben de su desaparición”, insinuando que el menor pudo haber sido llevado del lugar. Aseguró también haber sido presionado físicamente por las autoridades para obtener confesiones.

Esta versión ha llamado la atención de las autoridades, que, sin confirmar ninguna hipótesis, mantienen abiertas todas las líneas de investigación. Mientras tanto, el foco principal sigue siendo encontrar al menor, cuyo paradero aún permanece desconocido tras cinco días de intensas labores de rastreo.

La solidaridad de los habitantes de Manabao ha sido un pilar clave: han abierto sus hogares, cocinas y corazones para apoyar a los rescatistas y voluntarios que cada día se suman a la búsqueda. Desde alimentos hasta hospedaje, el respaldo comunitario no ha disminuido, sosteniendo con fe los operativos.

Un nuevo plan de acción se ha activado desde las primeras horas del día anterior, ampliando el radio de búsqueda con la guía de los perros rastreadores, que continúan trabajando sin cesar. Cada sonido en el bosque, cada olor en el aire, es evaluado con atención por los equipos desplegados.

A pesar del silencio oficial sobre avances concretos, la promesa de las autoridades es firme: no se detendrán hasta agotar cada rincón, cada hipótesis, cada oportunidad para traer de vuelta a Roldany Calderón.

Mientras el país observa, expectante y unido en una misma esperanza, la comunidad de Manabao sigue siendo el corazón de esta historia, aferrada a la fe de que este niño regrese pronto a casa, sano y salvo.

Compartir