Octavio Dotel: el legado que dejó en su colegio antes del colapso en Jet Set

“Aquí pasaron mis tres hijos… y ahora pasan cientos de niños más”. Con esa frase cargada de orgullo y propósito, Octavio Dotel mostraba el corazón de su proyecto más íntimo y transformador: el Colegio Santa Bárbara, su apuesta educativa y social más firme en República Dominicana.

En medio de risas, anécdotas de pelota y confesiones sobre dinero, humildad y fe, el exlanzador de Grandes Ligas abría las puertas de lo que él consideraba “su mejor inversión”. Desde las aulas de párvulos hasta el área de gimnasia rítmica, cada rincón del plantel vibra con un mensaje claro: formar seres humanos completos, con educación y valores antes que con sueños de fama.

La mañana del 8 de abril de 2025, ese legado cobró una dimensión aún más profunda. Octavio Dotel perdió la vida en circunstancias trágicas, luego de ser rescatado entre los escombros del colapsado techo de la discoteca Jet Set, en la capital dominicana.

El exlanzador fue hallado con vida por personal de socorro tras más de 11 horas atrapado, pero su estado era crítico. Falleció mientras era trasladado al Hospital Central de las Fuerzas Armadas, donde ingresó sin signos vitales, confirmaron las autoridades y fuentes médicas a ESPN Digital.

Dotel, quien fue exaltado al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano en 2024, jugó por 15 temporadas en Grandes Ligas y formó parte del equipo campeón de los St. Louis Cardinals en la Serie Mundial de 2011. Su carrera se selló con una efectividad de 3.78, 109 salvamentos y más de 1,100 ponches, cifras que marcaron una trayectoria ejemplar tanto en Estados Unidos como en la LIDOM, donde jugó para los Leones del Escogido.

El comisionado de MLB, Rob Manfred, expresó su pesar públicamente: “Las Grandes Ligas lamentan profundamente el fallecimiento de Octavio Dotel, Nelsy Cruz y todas las víctimas de la tragedia de anoche en Santo Domingo”, señalando el vínculo profundo entre el béisbol y el pueblo dominicano.

Tony Clark, director ejecutivo de la Asociación de Peloteros (MLBPA), también se pronunció: “Estamos devastados más allá de las palabras… Octavio y Tony Blanco dejan un vacío indescriptible”, dijo, aludiendo también a la pérdida de la hermana de Nelson Cruz en el mismo evento.

Dotel confesaba que muchos lo veían como un hombre realizado. “Yo he hecho todo lo que soñé… Me faltaba Europa, y ya lo viví. Estoy satisfecho”. Pero lo que más lo emocionaba no eran los logros internacionales, sino ver a un niño aprendiendo en una escuela que él mismo levantó.

El colegio que fundó acoge a cientos de estudiantes desde educación inicial hasta bachillerato. También funciona como centro deportivo, especialmente en gimnasia rítmica, donde más de 400 niñas y niños entrenan cada semana. Para él, el mensaje era claro: “La pelota es una lotería. La educación es una garantía.”

Su vida espiritual también fue parte esencial de su mensaje. Cada jueves, acudía a su culto, buscando, en sus palabras, “la bendición que me da paz, que me centra”. En sus últimos años, se dedicó a aconsejar a jóvenes atletas para que no descuidaran sus estudios ni su fe.

Desde hoy, su legado no solo se mide en estadísticas de béisbol o reconocimientos deportivos, sino en los salones del Colegio Santa Bárbara, en los pasillos donde corren niños, en las aulas donde se forman sueños distintos a los del estadio, pero igual de valiosos.

Octavio Dotel ya no está físicamente, pero en cada pupitre, en cada niña que gira en la colchoneta o niño que levanta la mano para responder una pregunta, su presencia continúa. Porque como él mismo decía: “El estudio es primero. La educación, esa sí no se acaba nunca.”

Compartir