En un giro drástico y polémico, el gobierno haitiano ha contratado al contratista militar estadounidense Erik Prince para enfrentar a las pandillas que han sumido al país en una profunda crisis de seguridad.
Prince, reconocido por su papel en conflictos como Irak y fundador de la desaparecida firma militar privada Blackwater, vuelve al centro del escenario internacional con un acuerdo que ha despertado inquietudes tanto en Haití como en Estados Unidos.
Según confirmó el diario The New York Times este miércoles, el contrato contempla operaciones de alto riesgo que incluyen el uso de drones armados y estrategias de eliminación de líderes criminales.
La misión, de carácter confidencial, ha sido avalada por altos funcionarios de ambas naciones y expertos en seguridad.
La presencia de Prince en el Caribe revive los cuestionamientos por su historial controvertido. Durante la guerra en Irak, su empresa fue protagonista de múltiples escándalos tras recibir contratos millonarios del gobierno norteamericano para misiones de seguridad privada que incluyeron enfrentamientos letales con civiles.
Ahora, con el aval del gobierno haitiano, se proyecta la conformación de un escuadrón secreto que, bajo coordinación externa, tendría la tarea de debilitar el poder territorial de las bandas armadas que hoy controlan vastas zonas de Puerto Príncipe y otras regiones.
Este movimiento se da mientras Haití intenta sostener una débil estructura institucional, amenazada por el colapso del orden público y el dominio creciente de grupos criminales que imponen su ley a través del terror y la intimidación.
A partir de este acuerdo, se abre una nueva etapa en la estrategia de seguridad nacional haitiana: una que, según analistas, podría significar un cambio radical en la forma en que el Estado enfrenta la violencia estructural.
Sin embargo, también plantea preocupaciones sobre la legalidad, transparencia y consecuencias a largo plazo de recurrir a figuras como Prince, cuyo historial genera escepticismo en la comunidad internacional.
