El rugido del motor quebró la calma matutina del desierto cuando el vuelo AA1665, de American Airlines, trazó un giro urgente sobre el cielo de Las Vegas.
Apenas había despegado cuando las llamas y los destellos desde uno de sus motores transformaron lo que sería una rutina aérea en un momento de tensión inolvidable para 153 pasajeros.
El incidente ocurrió la mañana del miércoles 25 de junio, cuando el Airbus A321 con destino a Charlotte, Carolina del Norte, despegó a las 8:10 a.m. del aeropuerto Harry Reid International, pero regresó de emergencia diez minutos después por un problema mecánico en el motor.
La maniobra fue rápida y precisa: el avión aterrizó a las 8:20 a.m., sin ayuda externa, y rodó hasta la puerta de embarque, mientras en tierra las imágenes captadas por testigos ya comenzaban a recorrer las redes.
«Escuchamos un ruido como de fuegos artificiales grandes y vimos luces saliendo del motor. Fue impactante», narró Mark Jackson, testigo desde un estacionamiento cercano.
En el Las Vegas National Golf Club, Matthew Villasista vio humo en el aire y describió una escena que paralizó a quienes lo acompañaban: “fue como un boombox estallando”.
American Airlines fue clara en su primer comunicado: “no hubo indicios de fuego”, aunque los videos difundidos por The New York Times y ABC News muestran imágenes inquietantes: llamas, chispas y una columna de humo visible mientras el avión maniobraba.
Pese a eso, la compañía agradeció el manejo del equipo de vuelo y enfatizó la seguridad de todos los ocupantes.
“Apreciamos la profesionalidad de nuestra tripulación y el trabajo para reubicar a los clientes lo más rápido posible”, indicaron.
La aeronave fue retirada del servicio y entregada a técnicos especializados para una inspección exhaustiva.
Mientras tanto, la Administración Federal de Aviación (FAA) confirmó que ha abierto una investigación formal.
El organismo subrayó que el evento se clasifica como un “problema de motor”, pero no ofreció aún causas concluyentes.
Este evento ha encendido nuevamente las alertas en la industria aérea estadounidense, que en los últimos meses ha registrado varios reportes similares de fallas técnicas, despertando cuestionamientos sobre la transparencia en la comunicación de riesgos y la confiabilidad de los protocolos de mantenimiento.